lunes, 28 de noviembre de 2011

¿Cuándo comienza la vida humana?

Prof. Jérome Lejeune (París)Testimonio presentado ante el Subcomité de Separación de Poderes, del Senado de los Estados Unidos.

Señor Presidente y señores miembros:

Me llamo Jérome Lejeune y soy Doctor en Medicina y Ciencias. Estoy al frente del “Hospital des Enfants Malades” de París para el tratamiento ambulatorio de niños deficientes. Después de diez años de dedicación de tiempo completo a la investigación, soy Profesor de Genética Fundame
ntal en la Universidad de René Descartes.

Hace veintitrés años descubrí la primera enfermedad cromosómica de nuestra especie, el cromosoma 21 extra, típico del mongolismo. Por aquel trabajo tuve el honor de recibir el premio Kennedy del difunto presidente, y la medalla William Allen de la Sociedad Norteamericana de Genética Humana.

Soy premio de la Academia Norteamericana de Artes y Ciencias.

Mis colegas del “Instituto de Progénesis” de París y yo estamos trabajando en la descripción de los hechos básicos de la herencia humana. Mediante un estudio comparativo de las especies de mamíferos, incluyendo los grandes monos, estamos investigando las variaciones cromosómicas que se ha producido durante la evolución.

Este mismo año hemos demostrado por primera vez que una enfermedad cromosómica puede ser sometida a terapia. En el “síndrome X- frágil”, que muestra una asociación de la fragilidad de un cromosoma X con un retraso mental serio, hemos demostrado que un tratamiento químico puede curar la lesión cromosómica en el cultivo celular.

Más aún, el adecuado suministro de estos químicos (monocarbonos y sus moléculas portadoras) también mejora la conducta y las capacidades mentales de los niños afectados. Por tanto, la investigación fundamental básica sobre los mecanismos de la vida puede llevar a la protección directa de vidas humanas en peligro.
¿Cuándo comienza a existir un ser humano?
Trataré de dar la respuesta más precisa a esta cuestión de acuerdo con los conocimientos científicos actuales. La biología moderna nos enseña que los progenitores están unidos a su progenie por un eslabón material continuo, de modo que la fertilización de una célula femenina (el óvulo) por la célula masculina (el espermatozoide) surgirá un nuevo miembro de la especie. La vida tiene una historia muy, muy larga, pero cada individuo tiene un comienzo muy preciso, el momento de la concepción.

El eslabón material es el filamento molecular del DNA. En cada célula reproductora, este
filamento de un metro de longitud aproximadamente, está cortado en piezas (23 en nuestra especie). Cada segmento está cuidadosamente enrollado y empaquetado, (como una cinta magnetofónica en un minicasette) de tal modo que al microscopio aparece como un pequeño bastón, un cromosoma.

Tan pronto como los 23 cromosomas que proceden del padre se unen por la fertilización de los 23 cromosomas maternos, se reúne toda la información genética necesaria y suficiente para expresar todas las cualidades hereditarias de un nuevo individuo. Exactamente como la introducción de un minicasette en un magnetófono permitirá
la restitución de la sinfonía, así el nuevo ser comienza a expresarse a sí mismo tan pronto como ha sido concebido.

Las ciencias naturales y la ciencia del derecho hablan el mismo lenguaje. De un individuo que disfruta de una buena salud robusta un biólogo diría que tiene una buena constitución; de una sociedad que se desarrolla armónicamente para beneficio de todos sus miembros, un legislador diría que tiene una constitución justa.

Un legislador no podía concebir lo que es una determinada ley antes de que todos sus términos
hayan sido clara y completamente expresados. Pero cuando se ha dado toda la información, y cuando se ha votado la ley, entonces puede ayudar a definir los términos de la constitución.

La naturaleza funciona del mismo modo. Los cromosomas son tablas de la ley de la vida, y cuando se han reunido en el nuevo ser (el proceso de votación es la fertilización) deletrearán plenamente su constitución personal.

Lo que resulta sorprendente es el diminuto tamaño de la escritura. Resulta difícil creer, aunque está más allá de cualquier duda posible, que toda la información genética necesaria y suficiente para construir nuestro cuerpo –el instrumento más poderoso para resolver problemas, incluso para analizar las leyes del universo- se puede miniaturizar de tal modo que su substrato material quepa perfectamente ¡en la punta de una aguja!

Todavía impresiona más que durante la maduración de las células reproductoras, la información genética se reorganice de modos tan diversos que cada concebido reciba una combinación completamente original, que nunca se ha producido antes y nunca se volverá a producir. Cada concebido es único y, por tanto, irremplazable. Los gemelos idénticos y los verdaderos hermafroditas son las únicas excepciones a la regla:
cada ser humano tiene una composición genética única: pero además resulta muy interesante que esas excepciones han de producirse en el momento de la concepción. Los accidentes posteriores no podrán conducir a un desarrollo armónico.

Todos estos hechos eran conocidos desde hace mucho tiempo y todos estaban de acuerdo en que los niños probeta demostrarían la autonomía del concebido, sobre el que la probeta no tiene derecho alguno de propiedad.


Si el óvulo de una vaca se fertiliza con el esperma de un toro, el diminuto concebido, flotando libremente en el líquido, inicia, inmediatamente, su carrera de ternero.
Normalmente viajará durante una semana, a través del tubo falópico y alcanzará el útero. Pero gracias a las técnicas modernas puede viajar mucho más deprisa, ¡incluso a través del océano! El mejor equipo de navegación para este ternero de dos miligramos consiste en introducirlo dentro de un tubo falópico de una coneja. En el lugar de destino, el minúsculo animal es retirado con cuidado e instalado delicadamente dentro del útero de la vaca receptora. Meses después, el ternero expresa toda la dotación genética que recibió de sus verdaderos padres y no muestra ninguna de las cualidades de su “container” temporal (la coneja) ni de su madre nutricia uterina (la vaca receptora).
Proceso de constitución de un individuo
¿Cuántas células se precisan para constituir un individuo? Experimentos recientes nos dan la respuesta. Si se concebido una ratón, se disocia muy temporalmente, de modo artificial (mediante un tratamiento enzimático particular), sus células quedan separadas. Mezclando las suspensiones de células procedentes de diferentes embriones, se ve que se reasocian de nuevo. Si esa minúscula masa se reimplanta entonces en un receptor femenino, algún ratoncito (muy pocos ciertamente) consigue desarrollarse hasta el final de un modo completamente normal. Tal como expuso teóricamente B. Mintz y se demostró por Market y Peter, un ratón quimérico puede derivar de dos o incluso tres embriones, pero no de más. El máximo número de células que cooperan constituyendo ya un individuo es de tres.

En plena concordancia con esta demostración empírica, el huevo fertilizado se divide normalmente en dos células, una de ellas se divide de nuevo para formar entonces el número sorprendentemente extraño de tres, encapsuladas dentro de la cubierta protectora, la “zona pelúcida”.


De acuerdo con nuestro conocimiento actual, el pre-requisito para la individualización (una etapa que contiene tres células fundamentales) es, pues, el paso inmediato que sigue a la concepción, minutos después de ésta.


Todo esto explica por qué los Drs. Edwards y Steptoe podrían atestiguar la Fertilización In Vitro de un óvulo maduro de la Sra. Brown por un espermatozoide del Sr. Brown. El diminuto concebido que días más tarde estaban implantando en el vientre de la Sra. Brown no podía ser un tumor o un animal. Era, en efecto, la entonces increíble joven Louise Brown, quien ahora tiene varios años de edad.


La viabilidad de un concebido es extraordinaria. Experimentalmente, una rata concebida puede ser congelada (incluso a -26°C) y, después de un cuidadoso proceso de descongelación, ser implantada con éxito. Para un crecimiento posterior sólo una mucosa uterina receptora puede suministrar a la placenta embrionaria la bolsa amniótica. El pequeño ser es tan viable como un astronauta sobre la luna en su traje espacial: es necesario que su madre-nave le resuministre con fluidos vitales. Esta alimentación es indispensable para la supervivencia, pero no “hace” al niño: del mismo modo que el más sofisticado cohete espacial no puede producir un astronauta.

Tal comparación resulta mucho más convincente cuando el feto se mueve. Gracias a la refinadas imágenes de tipo sonar, el Dr. Iran Donald de Inglaterra consiguió filmar una película mostrando a la estrella más joven del mundo: un niño de once semanas bailando en el útero ¡El niño juega, por decirlo así, con un trampolín! Dobla sus rodillas, empuja la pared, salta y cae de nuevo. Puesto que su cuerpo tiene la misma densidad que el líquido amniótico, no siente la gravedad y realiza un baile de un modo lento, gracioso, elegante, imposible en cualquier otro lugar de la tierra. Sólo los astronautas en su estado libre de gravedad pueden conseguir tal suavidad de movimientos. Por cierto, que para el primer paseo por el espacio, los técnicos tuvieron que decidir el sitio en qué adaptar los tubos por los que suministraban los fluidos. Acabaron eligiendo el cinturón del traje, reinventando el cordón umbilical.


Señor Presidente y señores miembros, cuando tuve el honor de comparecer previamente ante el Senado, me tomé la libertad de referirme a la historia universal de un hombre más pequeño que el dedo del pulgar.


A los dos meses de edad, el ser humano tiene una longitud menor que la del dedo pulgar, desde la cabeza hasta las posaderas. Cabría con comodidad en una cáscara de nuez, pero todo esta allí: manos, pies, cabeza, órganos, cerebro, cada cosa en su sitio. Su corazón viene latiendo aproximadamente, desde hace un mes. Mirándolo de cerca, ustedes podrían ver las rayas de la palma de su mano y una gitana leería la buena fortuna de esa minúscula personita. Con una buena lupa se podrían detectar las huellas digitales. Así que tiene lista la documentación para el carnet de identidad.

Con la extremada sofisticación de nuestra tecnología, hemos invadido su privacidad. Hidrófonos especiales captan la música más primitiva: un martilleo hondo, profundo, tranquilizador, de unos 60 a 70 golpes por minuto (el corazón de la madre) y una cadencia rápida, muy vibrante, de 150 a 170 (el corazón del concebido), que mezclados recuerdan al contrabajo y las maracas que constituyen los ritmos básicos de cualquier música pop.


Ahora conocemos lo que siente, hemos oído lo que escucha, olido lo que huele y le hemos visto bailar lleno de gracia y juventud. La ciencia ha convertido la historia de Pulgarcito en la verdadera historia que cada uno de nosotros ha vivido en el vientre de su madre. Y para que ustedes valoren que precisa puede ser la detección: si muy al principio, justamente después de la concepción, días antes de la implantación, retirásemos una sola célula del ser individual, aún con aspecto de fresa, podríamos cultivarla y examinar sus cromosomas.


Y si un estudiante mirándola al microscopio no pudiera reconocer el número, la forma y el patrón de listado de esos cromosomas, y no fuese capaz de decir, sin vacilación, si procede de un chimpancé o de un ser humano, perdería su examen.


Aceptar el hecho de que, tras la fertilización, un nuevo ser humano ha comenzado a existir, no es una cuestión de gusto u opinión.

La naturaleza humana del hombre, desde su concepción hasta su vejez no es una disputa metafísica. Es una simple evidencia.

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