sábado, 24 de septiembre de 2011

El secreto del fracaso…

¿Qué es lo que nos hace diferentes a los demás? ¿Necesariamente nuestras opiniones y convicciones deben coincidir con los otros? ¿Somos de los que piensan que la mayoría tienen la razón? ¿Qué la voz del pueblo es la voz de Dios?

Muchas veces el estar solo da miedo, aventurarnos a ir en contra de esquemas, no dar la razón a “los expertos”, innovar y decir “no estoy de acuerdo” es un acto de valentía con visos de “cierta estupidez” para los demás.

En momentos difíciles es bueno contar con alguien que nos de luces, que nos guie y apoye pero hay algo en lo que debemos ser inflexibles y eso es no renunciar a nuestros principios.

Puede llegar el momento en que se te caiga el mundo, sentir que solo hay una salida, pero si ello implica hacer a un lado tus principios no es en realidad una solución sino una condena.

Todos sabemos que no somos iguales como personas y en medio de nuestras semejanzas buscamos hacernos notar. Es decir, todo el mundo puede hacer lo mismo, buscar lo mismo, desear lo mismo, pero no todos van a conseguirlo de la misma manera. Unos lo harán por las buenas y otros no. Eso depende de que tanto quieres que dure o la calidad de lo que anhelas.

Ahora la duda es ¿cómo lograrlo?, ¿de qué me voy a valer para saber cómo mantenerme a pesar de una mayoría contraria?

La respuesta es que TODOS necesitamos una verdadera y sólida formación de conciencia y de valores, pues a la larga ellos tendrán la última palabra en nuestras determinaciones. De ellos obtendremos la confianza y seguridad que necesitamos.

No quiero que me mal interpreten, no pretendo quitar valor a los buenos consejos o la ayuda que alguien pueda brindar, pero recordemos que esa ayuda la recibimos de alguien que precisamente tiene una conciencia formada.

En medio de una sociedad que angustiosamente busca justificar sus excesos “disfrazados de libertad” se corre el peligro de caer fácilmente en la oscuridad de una “razón” degenerada.

Ahora más que nunca necesitamos aferrarnos a algo que sepamos que no cambia y que a pesar de todo va a permanecer firme a pesar de nuestra debilidad, algo que valga la pena a pesar de nuestras dudas.

Sé que sonará trillado, pero pienso que la solución es la fidelidad, esa lealtad que nos lleva a adherirnos a motivos superiores a nosotros mismos. Seamos sinceros, muchas veces no sabemos a qué serle fiel, en que creer.

¿Ahora entienden la importancia de formar una buena conciencia? Les doy un ejemplo sencillo, imaginemos que todos somos ciegos, percibimos el mundo por medio del tacto, del olfato, del oído, del gusto, pero eso no es suficiente para saber si en el camino existe algo que nos pueda llevar a un precipicio. El tener un perro entrenado que nos guie asegurará un buen camino y evitará que caigamos quien sabe en dónde o que nos crucemos con alguna bestia.

Ahora bien, la oscuridad es el mundo que se deja llevar por lo primero que se le viene a la cabeza, por cosas que no analiza pero que recibe con emotividad.

Los ciegos somos cada uno de nosotros, seres limitados que pueden aprender a superarse, claro está si ponemos nuestra voluntad.

El perro guía es la conciencia.

En alguna ocasión, visitando a un sacerdote a quien aprecio muchísimo, leí una cerámica que tenía en su biblioteca. Ese mensaje me “iluminó” de alguna manera y me mostró que muchas veces he dejado de ser yo para “congraciarme” o ser aceptada por otras personas, que muchas veces he callado para no causar pelea (no confundir con discreción) y que he dejado que los falsos respetos humanos se sobrepongan ante algo que yo puedo cambiar.

Muchas veces renunciamos a lo que sabemos que esta bien para no desentonar dentro de un grupo, por presión social o porque colocamos en un pedestal a un pusilánime. Esa actitud puede conducirnos a una gran injusticia, en no hacer la diferencia y terminar siendo parte de algo que no es capaz de definirse.

El mensaje que leí era “El secreto del fracaso es darle gusto a todo el mundo”…

En manos de cada uno existe una gran responsabilidad y es no dejar que pase alguien en nuestras vidas sin dejarle una buena huella que logre edificarlo.

Los invitos a que renunciemos al fracaso.

ÉXITOS PARA TODOS


2 comentarios:

  1. tu mensaje muy alentador para enfrentarse a esta vida tan llena de formalismos, de respetar al que se encuentra quizás en una posición mas alta que la nuestra ; como si no se fuese a equivocar ; hay que romper todo tipo de miedo (por el que diran o el si me aceptaran). hay que encender nuestra luz en el mundo para alumbrar el camino de los demas.

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    1. Hola Anónimo, ¿te imaginas que sería del mundo si alguien no se hubiese atrevido a pensar diferente? No existirían los aviones porque "el hombre no puede volar", no nos podríamos ver en tiempo real desde cualquier parte del mundo, etc...

      Cada quien tiene algo importante para dar, es por eso tan imperioso atender el llamado que tenemos para trascender.

      Gracias por tu visita

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