jueves, 5 de mayo de 2011

La capacidad de perdonar y tu salud

Hola a todos, les comparto un artículo del diario EL TIEMPO de Colombia publicado el 11 de abril de 2009. El artículo explora la relación que hay entre el perdón y la salud, en realidad no hay mucho que pueda agregar, solo que espero les guste.

Cuanta más alta es la capacidad de perdonar de una persona, mejor es su estado de salud

Así lo demuestran estudios científicos. Los rencores pueden generar estrés, ideas de venganza que impiden razonar, insomnio, falta de apetito y así, generar enfermedad.

Perdonar es sanador: hoy este enunciado, que es un principio de fe reconocido por la mayoría de las religiones, no solo vale para describir el impacto benéfico que este acto tiene en el plano espiritual de las personas.
Pese a que la del perdón es una ciencia nueva, ya tiene en su haber evidencia que indica que cuanto más alta es la capacidad de perdonar de una persona, mejor es su estado de salud.

El estudio 'Forgiveness and Physical Health', de la Universidad de Wisconsin, encontró que la intensidad con la cual perdonan las personas está relacionada con distintas enfermedades: cuanto más perdonaron, menos las padecieron y viceversa. Lo interesante es que esta relación se mantuvo constante en el corto plazo para lo físico y un poco más a largo plazo para lo emocional.
Los investigadores determinaron la relación entre perdón y salud, de acuerdo con la frecuencia de algunos síntomas reportados.

En otro trabajo clásico sobre el tema, científicos de la Universidad de Tennesse pidieron a un grupo de estudiantes con antecedentes de maltrato de sus padres, de sus amigos o de sus parejas, que recordaran los sucesos más traumáticos; luego se les midió la presión sanguínea, el ritmo cardiaco y la tensión muscular, así como su nivel de sudoración.

Comprobaron que aquellos que habían perdonado a los agresores presentaron niveles bajos en estas variables y reportaron menos estrés y síntomas físicos de enfermedades, comparados con los que no habían podido olvidar ni perdonar lo que les habían hecho.

Finalmente, durante el estudio holandés 'Concesiones, perdón o albergar rencores' ('Science'. 2001) se pidió a estudiantes que imaginaran haber perdonado a su agresor y que rechazaran las actitudes de venganza; les permitían intercalar estos pensamientos con "periodos para ejercitar su rencor". En estos últimos los participantes manifestaban sentirse menos cómodos y con menor capacidad para controlarse; su presión arterial y su ritmo cardiaco se aumentaban en estas etapas. El resentimiento, según los resultados del estudio, podía afectar el sistema nervioso a corto plazo.

Para explicar hasta qué punto las emociones negativas pueden afectar la salud, Fred Luskin, psicólogo y director del Proyecto del Perdón de la Universidad de Stanford (Estados Unidos), las equipara a aviones que vuelan durante días y semanas sin aterrizar; de acuerdo con el experto, "los aviones del rencor se convierten en fuente de estrés, y con frecuencia el resultado es un choque".

El ex sacerdote y conferencista Gonzalo Gallo, experto en el tema, dice que si bien el rencor es un volcán en continua erupción, la gente no lo nota, "es un fuego que quema por dentro, consume a la persona y la enferma emocionalmente".
En ese sentido, manifiesta que hay tres tipos de sanación: "La espiritual en la que la persona, aunque siga con una enfermedad, manifiesta bienestar; la emocional, que permite a la gente liberarse de sentimientos dañinos, y la física, que la gente interpreta como milagros; aunque algunos médicos no creen en ella, otros llegan a comprobar que hay males que desaparecen", asegura Gallo.

Carlos Garzón, médico especializado en medicinas alternativas, afirma que si bien desde hace mucho tiempo la medicina tiene claro que un porcentaje alto de las enfermedades tienen una relación psicosomática, en la práctica la dimensión emocional de los pacientes nunca se mira.
A su consulta llegan con frecuencia personas afectadas por males crónicos para los cuales no han encontrado alivio. "Después de observarlas, de hablar con ellas, acaba uno descubriendo que en el fondo hay rencores que no han podido perdonar".

Recuerda el caso de una mujer de 54 años, que consultó por un dolor articular crónico, "había conocido a muchos médicos y probado todos los medicamentos para tratar esta enfermedad, pero no mejoraba; fue hablando con ella que encontramos que este mal se había manifestado justo por la época en que empezaron los problemas con su pareja, de la que finalmente se separó", cuenta.

Después de profundizar en su experiencia, médico y paciente concluyeron que ella guardaba un profundo rencor por lo sucedido, que afectaba no solo su salud física, sino sus relaciones familiares y laborales, "hacer conciencia de eso, hablar, entender que era necesario perdonarse por lo ocurrido y perdonar a su ex pareja le permitió, poco a poco, aliviar sus síntomas y mejorar la relación con su entorno", dice.

¿Qué le pasa al organismo?
Para algunos médicos, la lógica del asunto radica en que los rencores, el odio y el malestar invaden la corteza cerebral, con lo que el pensamiento y todas las actitudes acaban enfocadas en el agresor; en consecuencia, se producen ideaciones de venganza, que limitan la capacidad para razonar; esto se manifiesta con malestares e inquietud, que pueden enmarcarse en un síndrome de estrés y en cuadros de depresión. Todo esto repercute en las estructuras orgánicas.

El afectado empieza a no dormir y a sufrir alteraciones del apetito. Con el tiempo, esta situación compromete el sistema neuroendocrino, se alteran las hormonas, se bajan las defensas y las personas se vuelven vulnerables a infecciones y a la manifestación de trastornos y condiciones premórbidas; en últimas, aparece la enfermedad.

Si es tan claro que liberarse de rencores sería una forma de mantener a raya muchos problemas de salud, ¿por qué no simplemente decirle a la gente que empiece a perdonar?

La respuesta es que perdonar no es un proceso sencillo. Una encuesta de la Universidad de Michigan demostró que el 75 por ciento de los adultos que participaron en ella dijeron estar seguros de que Dios los había perdonado por errores pasados, pero solo la mitad de ellos afirmaron que habían podido perdonar a quienes les habían hecho daño. En otras palabras, para la gente es más sencillo ser perdonada que perdonar.

Quizá este hallazgo guarde relación con el de una investigación de la Universidad de Miami que sugiere que las personas que han sido víctimas de infidelidad sexual, recuperan su tranquilidad con más facilidad cuando consiguen vengarse de su pareja.

Y es que en algunas sociedades el perdón se ha salido del ámbito de lo emocional y se ha instalado en lo jurídico: para algunos grupos y personas, víctimas de atrocidades y violaciones de toda índole, perdonar equivale a aceptar la impunidad.
Por eso es necesario, de acuerdo con Luzkin, aprender a perdonar, entender que este proceso no implica que el ofensor se salga con la suya o aceptar algo injusto. Significa no sufrir por la ofensa y beneficiarse de sus efectos. En últimas, el perdón es para quien perdona y no para quien ha ofendido.

ÉXITOS PARA TODOS

2 comentarios:

  1. Hola Vero Cohen!

    Como siempre presentando temas muy interesantes.

    Un abrazo y otro más.

    Saludos!!!

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  2. Gracias Irlanda, un abrazo para ti también. EXITOS

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