miércoles, 23 de marzo de 2011

El feminismos de hoy (2 Parte)

Justificar a ambos ladosHola a todos, les comparto un artículo de la Doctora Christina Hoff Sommers, conocida por sus críticas al feminismo. El artículo es real, interesante y descarnado para aquellas que han llegado al punto del fanatismo en cuanto a la liberación femenina. Por ser extenso lo presento en dos partes. Aquí la segunda:

El Feminismo que necesita nuestra época (continuación)


Lo que ayuda a las mujeres
Quizá ustedes piensen que, como la literatura feminista es amplia y compleja, no puede menos de haber algunos errores. Pero yo y otros investigadores no hemos encontrado “algunos errores”. Hemos encontrado una gran masa de información descaradamente falsa. Es más, las feministas que difunden estadísticas falsas creen que son ciertas. Esto ayuda a explicar su antipatía a críticos como yo, su alarma ante la masculinidad y su convicción de que las mujeres norteamericanas comparten las cadenas de la opresión con las mujeres de otros países como Afganistán. ¿Importa algo que en el núcleo del feminismo contemporáneo haya un gran cuerpo de datos cuestionables?

¿Importa algo que los líderes del feminismo en Estados Unidos piensen y digan tantas cosas desmesuradas? La respuesta es un sí rotundo. Primero, para las mujeres que verdaderamente están en riesgo de sufrir violencia o discriminación serían de gran ayuda investigaciones veraces y de calidad. La situación de las mujeres no mejora con política de
género y exageraciones, por mejor intencionadas que sean. Las tergiversaciones casi siempre nublan las auténticas causas del sufrimiento y estorban los genuinos esfuerzos para prevenirlo.

La verdad está del lado de la compasión.
En segundo lugar, las afirmaciones falsas, las hipérboles y las alarmas infundadas perjudican la credibilidad y eficacia del feminismo en general. El mundo necesita con urgencia un movimiento feminista ponderado, responsable y basado en la realidad. Por último, como profesora de filosofía y como person
a que aprecia la racionalidad, la investigación objetiva y la integridad intelectual, me sigue consternando encontrar distinguidos profesores de universidad y prestigiosos editores que diseminan falsedades.

Puedo imaginar las protestas de algunos: “Usted ha encontrado un montón de estadísticas falsas, y estamos de acuerdo en que deberían corregirse. Y sí, hay algunas feministas que exageran. Pero ¿y las estadísticas exactas que muestran que las mujeres están lejos de la igualdad con los hombres en Estados Unidos? ¿No es verdad, después de todo, que una mujer con jornada completa gana aproximadamente el 76% de
lo que gana un hombre? ¿No es cierto que en Estados Unidos sólo el 15% de los escaños en el Congreso están ocupados por mujeres? ¿No es verdad que las mujeres siguen estando subrepresentadas en lo alto de la jerarquía de las empresas, la ciencia y la tecnología?”

No niego nada de eso, pero no veo razón para aceptarlo ciegamente, lo que me lleva a la tercera razón por la que pienso que el feminismo actual ha tomado un giro errado. Las razones por las que existe una diferencia salarial y por las que hay más hombres que mujeres en á
mbitos como la ingeniería o la física tal vez tengan poco que ver con discriminaciones u opresión, y mucho con que hombres y mujeres tienen –por término medio– diferentes preferencias en la vida. No descarto la posibilidad de que en algunos ámbitos persistan discriminaciones injustas –de hecho, estoy segura de que las hay–, pero existe también otra explicación, convincente y poderosa, para las diferencias que persisten.

Como feminista de la igualdad, acepto que hombres y mujeres puedan ser diferentes en su configuración psicol
ógica y cognitiva. Aunque el ambiente y la socialización tienen mucha influencia, desde hace 30 años un creciente cuerpo de investigaciones en neurociencia, endocrinología y psicología sugiere que algunas diferencias de aptitudes y preferencias entre los sexos tienen base biológica.

Los hombres, por lo general, poseen mejores aptitudes mecánicas y espaciales; las mujeres les ganan en las verbales. En 1998 David Geary, psicólogo de la universidad de Missouri, publicó, bajo los auspicios de la Asociación Americana de Psicología, un r
esumen de la literatura existente sobre las diferencias sexuales, titulado “Masculino y femenino”. Tiene cerca de 50 páginas con notas al pie y artículos revisados por especialistas, según los cuales hay diferencias innatas. Esos estudios no tienen la última palabra, pero ciertamente no se puede ignorarlos o despreciarlos. Si estos estudios son medianamente fidedignos, podrían explicar por qué las mujeres están mucho más inclinadas que los hombres a cuidar niños o a trabajar en campos como la enseñanza, la asistencia social, la enfermería o la pediatría, y por qué los hombres están ampliamente sobrerrepresentados en materias como la mecánica de helicópteros, la ingeniería hidráulica o la carrera militar. Quizá la madre naturaleza no obedece las reglas de la corrección política.
En una sociedad que reconoce la diferencia, sigue habiendo mucho campo para el feminismo de la igualdad. Al fin y al cabo, siempre habrá gran número de mujeres que se salen de los estereotipos, y no hay derecho a frenar su avance. Las feministas de la igualdad queremos ver más mujeres que sean presidentes de empresas, premios Nobel y pilotos de carreras. E
l feminismo de la igualdad vigila el cumplimiento del principio de igualdad de oportunidades para todos. Pero, a diferencia del feminismo de género, no insiste en la igualdad de resultados. Por el contrario, la igualdad de resultados –dadas las genuinas diferencias en las preferencias de hombres y mujeres– conduciría a un nuevo tipo de discriminación.

Por un feminismo inclusivo

En resumen, se puede reprochar al feminismo contemporáneo su irracional hostilidad hacia el hombre, su mal uso de datos y estadísticas y su incapacidad para tomar en serio la posibilidad de que hombres y mujeres sean iguales pero diferentes.

Sin embargo, me complace decir que en el feminismo contemporáneo hay cosas que me gustan mucho. [Hoff Sommers refiere aquí algunos ejemplos de proyectos feministas, como el llamado Equality Now, que luchan por el reconocimiento de los derechos de las mujeres en países del Tercer Mundo.]


Hay, pues, mucho de valioso, responsable e incluso heroico en el feminismo contemporáneo. Pero si el movimiento en su conjunto quiere seguir siendo relevante y eficaz en la lucha contra la crueldad y la injusticia sexista, va a tener que cambiar. Tendrá que moderar su retórica contra los hombres, ser cuidadoso con la verdad y la exactitud.


Finalmente, y tal vez más importante, debe convertirse en un movimiento inclusivo: tiene que ofrecer un lugar en su mesa a las mujeres conservadoras o moderadas.


En su libro Two Paths to Women’s Equality (1995), Janet Zollinger Giele, profesora de Brandeis University, explica cómo en Estados Unidos las mujeres no lograron el derecho al sufragio hasta que los grupos progresistas (dirigidos por Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony) se aliaron con mujeres conservadoras (dirigidas por Frances Willard, presidente de la Women’s
Christian Temperance Union).

Unos pequeños grupos de feministas de izquierdas no van a conseguir derrotar el tráfico sexual, la mutilación genital femenina, las violaciones masivas en tiempos de guerra o las lapidaciones. La historia recordará su fracaso. Pero ¿qué ocurría si Equality Now siguiera el ejemplo de Stanton y Anthony y formara una alianza con mujeres moderadas y conservadoras, y aun con las creyentes tradicionales?


El establishment feminista actual tiende a tener una visión negativa de las mujeres con convicciones religiosas y centradas en la familia. Pero la historia enseña que tales mujeres tuvieron una importancia crucial en movimientos de liberación, desde el abolicionismo al sufragismo. Ellas podrían tener la clave del éxito en la organización de un movimiento internacional de mujeres eficaz. En primer lugar, son numerosas. En Estados Unidos hay diez millones de mujeres evangélicas. Muchas de ellas podrían ser movilizadas a favor de las causas tan nobles y humanitarias de Equality Now. Cuando se alíen con las fuerzas progresistas y conecten con grupos de mujeres de otras partes del mundo, la historia indica que podrían vencer.


En otro tiempo, el título de esta conferencia era “Rechacemos el feminismo contemporáneo”; pero después lo cambié. No creo que debamos rechazar el feminismo contemporáneo.
Debemos reformarlo, corregir sus excesos, insistir en que se dé voz a las feministas moderadas y conservadoras, y luego contribuir a escribir el siguiente gran capítulo de la historia de la búsqueda de la libertad para las mujeres. Christina Hoff Sommers

2 comentarios:

  1. Me parece sumamente objetivo el planteamiento que hace la Dra. Hoff Sommers.
    No victimiza, no mezcla, y aún sin estar de acuerdo con el "feminismo contemporáneo", no lo deja de lado, sino que propone una reforma para sacar partido de lo bueno.

    Todavía falta mucho camino por recorrer. Espero que con el tiempo lleguemos a la verdadera igualdad entre hombres y mujeres, a pesar de las lógicas y naturales diferencias.

    Gracias Vero.

    ¡Cariños!

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  2. Es cierto Luna, movimientos como el feminismo han alcanzado logros importantes pero no puede llevarse a un extremo absoluto o fanático. De esto solo hay que sacar lo bueno y ello tiene que redundar en toda la sociedad.

    Me encanta como la Dra. Hoff cuestiona el feminismo, lo hace de una manera muy madura pero sobre todo contundente.

    Una de tantas conclusiones es que las diferencias son necesarias y que éstas no enriquecen.

    EXITOS PARA TI

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