miércoles, 16 de marzo de 2011

El feminismos de hoy (1 Parte)

Hola a todos, les comparto un artículo de la Doctora Christina Hoff Sommers, conocida por sus críticas al feminismo. El artículo es real, interesante y descarnado para aquellas que han llegado al punto del fanatismo o falta de moderación en cuanto al concepto de “liberación femenina”. Por ser extenso lo presento en dos partes. Aquí la primera:

El Feminismo que necesita nuestra época

En gran medida, el feminismo ha triunfado en Occidente. Aunque subsisten algunas discriminaciones, el progreso ha sido enorme. Sin embargo, en el movimiento feminista convencional abunda el tono catastrofista trufado de ideología de género, según dice la filósofa norteamericana Christina Hoff Sommers en una conferencia de la que ofrecemos un extracto. Hoff Sommers propone cambios para que el feminismo deje de ser un cenáculo dominado por radicales y se abra a las aspiraciones reales de la mayoría de las mujeres.

A mi juicio, el movimiento feminista contemporáneo está perjudicando la noble causa de la emancipación de las mujeres al menos de tres modos.
Primero, tiene una visión muy negativa de los hombres; segundo, exagera desaforadamente la opresión que dice sufren las mujeres norteamericanas; y tercero, se adhiere dogmáticamente a la idea de que hombres y mujeres son esencialmente iguales.

De admirada a traidora

Hasta los noventa, yo era una profesora feminista bien situada. Me invitaban a intervenir en congresos feministas y me pedían que revisara artículos para una publicación de pensamiento feminista. Mis cursos en la Clark University estaban incluidos en el plan de la especialidad de Estudios sobre la Mujer.

Todo cambió cuando en 1994 publiqué un libro titulado Who Stole Feminism? El libro era totalmente feminista, pero rechazaba la idea de que las mujeres americanas estuvieran oprimidas.

Sostenía que el feminismo había logrado la mayor parte de sus objetivos, que en los años noventa las mujeres americanas se contaban entre las más libres del mundo. Ya no era muy razonable afirmar que estaban mucho peor que los hombres. Sin duda aún había desigualdades, pero decir que la sociedad americana era un “patriarcado” o que las mujeres americanas eran ciudadanos de segunda clase, era francamente absurdo.

Cuando apareció el libro, algunas feministas destacadas se mostraron de acuerdo conmigo; incluso recibí algunas felicitaciones, pero no muchas. En general, el establishment feminista estaba indignado y me prodigó sus críticas por mis herejías. Muchas líderes y escritoras feministas estaban convencidas de que Estados Unidos era un patriarcado opresivo. No aceptaron mi llamada a la moderación. Hubo quienes me llamaron reaccionaria, traidora a mi género, enemiga de las mujeres.


El feminismo de la igualdad

No es mi intención alentarles a condenar aquel feminismo clásico que consiguió para las mujeres el derecho al voto, la igualdad de oportunidades en la educación y muchas otras libertades. Soy una defensora apasionada de ese estilo de feminismo, que denomino feminismo de la igualdad. Este feminismo quiere para la mujer lo que quiere para todos: un trato justo, respeto, dignidad.

Promueve la armonía y la buena voluntad entre los sexos y puede contribuir a que en el mundo haya más cordura, felicidad y ética.

El feminismo de la igualdad no es nuevo: tiene sus raíces en la tradición política del liberalismo clásico que surgió en la Ilustración europea. Fue el liberalismo clásico el que inspiró la primera ola del feminismo en el siglo XIX, que obtuvo el derecho de voto para la mujer. El liberalismo clásico inspiró también la segunda ola de los años sesenta y setenta, que logró nuevos
avances de las libertades y oportunidades de las mujeres. El feminismo de la igualdad ha sido sin duda un gran éxito en Estados Unidos.

Las mujeres americanas están prosperando. Por poner solo algunos ejemplos tomados de la enseñanza superior: hoy las mujeres obtienen el 57% de las licenciaturas, el 59% de los títulos de máster y el 50% de los doctorados. En todos los grupos raciales y étnicos estudiados por el Departamento de Educación norteamericano, las jóvenes están superando a los varones.

¿Es todo perfecto para las mujeres? Ciertamente no; pero tampoco para los hombres. El hecho es que se han ganado las batallas más importantes por la igualdad de oportunidades y de trato para las mujeres americanas. Es verdad que aún no tienen resuelto el problema de conciliar familia y trabajo; que no sabemos cómo hacer para que más mujeres jóvenes se interesen por
entrar en la política o en campos como matemáticas, informática o ingeniería.

Pero en general, las mayores batallas pendientes del feminismo de la igualdad en el siglo XXI no están aquí, sino en países donde las mujeres están siendo realmente oprimidas. Hay muchos lugares del mundo, especialmente en Oriente Medio y África, donde las mujeres no han conocido aún una brisa de libertad, mucho menos dos grandes olas de liberación. Creo que la liberación de la mujer en los países en vías de desarrollo será la principal lucha por los derechos humanos en nuestro tiempo.

El feminismo victimista

¿Por qué, entonces, despierta tanta oposición mi postura y la de otras feministas de la igualdad como Camilla Paglia, Daphne Patai o la desaparecida Elisabeth Fox-Genovese?

Si uno oye a alguna conferenciante feminista, se matricula en un curso de introducción a Estudios sobre la Mujer o visita la web de algún grupo feminista, no encontrará muestras de satisfacción por los éxitos del feminismo de la igualdad, por las libertades y oportunidades de que hoy disfrutan las mujeres en Estados Unidos. Ahora la corriente dominante no es el feminismo de la igualdad, sino el “feminismo victimista”. Sus representantes no quieren oír hablar de logros de la mujer. Se centran en nuevos casos –a menudo inventados– en que la mujer se puede considerar oprimida o subordinada al varón. Cuando critico al feminismo contemporáneo, me refiero a esta modalidad.

Muchas activistas y académicas feministas están convencidas de que las investigaciones feministas han revelado y denunciado la existencia de un sistema sólido y poderoso con el que los hombres siguen dominando y oprimiendo a las mujeres: lo llaman el sistema sexo/género.
Sandra Lee Bartky, profesora de filosofía de la Universidad de Illinois, parafraseando a la socióloga Gayle Rubin, ha definido el sistema sexo/género como “un complejo proceso por el que niños bisexuales son transformados en personalidades de género masculino o femenino, uno destinado a mandar, el otro a obedecer”. Cuando leí esta cita a mi marido, preguntó: ¿ahora qué sexo es el que tiene que obedecer?

El feminismo de género tiende a ver la masculinidad convencional como una patología y como el origen de muchos de los males del mundo. Pero la mayoría de los hombres no son unos brutos, ni unos opresores. Sin duda, algunos son unos despreciables neandertales por los que no tengo simpatía alguna. Pero confundirlos con la mayoría de los hombres es patentemente sexista. El feminismo contemporáneo escoge los casos extremos de masculinidad patológica y los considera como la norma en el hombre.

Datos inexactos

Paso a mi segunda objeción contra el feminismo de hoy: su temeraria indiferencia por la verdad. Para escribir mis libros examiné con cuidado algunas afirmaciones feministas muy difundidas sobre mujeres y violencia, depresión, trastornos alimentarios, igualdad salarial y educación. Me di cuenta de que la mayoría –no todas– de las estadísticas sobre víctimas eran, en el mejor de los casos, equívocas, y en el peor, completamente inexactas.

Voy a dar unos ejemplos de lo que encontré sobre el tema de la violencia doméstica en un conocido manual de derecho. Nancy Lemon, profesora en la Facultad de Derecho de la Universidad de California en Berkeley, es una autoridad en violencia doméstica. Es la editora de Domestic Violence Law, con dos ediciones (2001 y 2005), que la web de la Facultad de Derecho de Berkeley describe como “el manual imprescindible sobre la materia”.

Joan Zorza, que colabora en el libro, escribe que “entre el 20% y el 35% de las mujeres que acuden a las urgencias de los hospitales en Estados Unidos lo hacen por motivos de violencia doméstica”. Se trata de un tópico consolidado del canon feminista. Pero es falso. Hay dos estudios serios sobre los ingresos en urgencias: uno de la Oficina de Estadísticas Judiciales y otro de los Centros para el Control de Enfermedades. Los resultados de ambos indican que la
violencia doméstica es un problema grave, pero está muy abajo en la lista de razones por las que las mujeres acuden a urgencias. De las mujeres atendidas en urgencias, aproximadamente el 0,5% van por lesiones causadas por violencia doméstica.

Christina Hoff Sommers

(2 parte la próxima semana)



2 comentarios:

  1. Cuando la lucha de las mujeres por conseguir igualdad de derechos y de trato con respecto a los hombres estaba en sus comienzos, ni se imaginaron lo lejos que llegarían con el tiempo.
    El primer grupo de luchadoras creció enormemente y eso hizo que se dividieran en las ramas que nos menciona la Dra. Hoff Sommers: el primer grupo se mantuvo en la lucha por la igualdad y el buen trato, mientras que el otro grupo se volvió extremista al punto se victimizarse.
    Igualdad significa ser tratadas de la misma forma, ser consideradas aptas para los mismos trabajos, percibir igual remuneración por realizar las mismas tareas, ser idóneas para la política y otras carreras que antiguamente eran consideradas específicas para hombres, etc.
    Si se reclama por la igualdad se debe tener en cuenta el literal sentido de la palabra "igual" y no considerarse "sexo débil" en determinadas circunstancias, porque en ese caso no existe la igualdad propiamente dicha.
    Una cosa es ser víctima de una situación determinada, como puede ser la violencia doméstica, que tanto puede alcanzar a mujeres como a hombres, aunque en el sexo masculino no sea lo más común, y otra es escudarse en el feminismo.
    Para ser consideradas "iguales" a los hombres hay que mantener un justo equilibrio. Una cosa es ser iguales y otra es ser extremistas, a lo que se llega cuando se excede el límite de la igualdad. Ningún extremo es bueno.

    Vero, gracias por compartir este artículo tan interesante. Para pensar.

    Un beso.

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  2. Hola Luna: Comparto contigo la misma opinión, todo en exceso es malo y en el caso particular del feminismo es claro que se ha desfigurado.

    Pienso que no tenemos claro lo que es igualdad y lo confundimos con "sacar ventaja de..."

    Muchas veces he pensado que quienes promueven la discriminación son las mismas "víctimas" que no quieren salir de ese estatus.

    Complicada manera de pensar...


    Gracias por tu visita Luna

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