jueves, 25 de noviembre de 2010

La Vasija Agrietada

¿Cuantas fallas de muchas personas son consideradas cualidades para otras? ¿Por que somos tan fuertes con la crítica? ¿Podemos aprovechar mejor las capacidades de aquellos que están a nuestro alrededor?

Nadie es perfecto, pero en medio de nuestra imperfección pareciera que la vida misma (Dios) cuenta con ello para hacer cosas maravillosas. Les comparto una pequeña historia.

Un cargador de agua tenía dos grandes vasijas que pendían de los extremos de un palo que llevaba sobre sus hombros. Una de las vasijas era perfecta y conservaba el agua completa hasta el final del largo camino, desde el arroyo hasta la casa del patrón.


La otra vasija tenía una grieta por donde se iba derramando el agua a lo largo del camino. Cuando llegaba, sólo podía entregar la mitad de su capacidad. Durante dos años se repitió día a día esta situación.

La vasija perfecta se sentía orgullosa de si misma, mientras que la vasija agrietada vivía avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable por no poder cumplir a cabalidad la misión para la que había sido creada.

Un día, decidió exponerle su dolor y su pena al aguador, y le dijo:
- Estoy muy avergonzada de mi misma y quiero ofrecerte disculpas.
- ¿Por que? - le preguntó el aguador-.
- Tú sabes bien por que -responde la vasija-. Debido a mis grietas, sólo puedes entregar la mitad del agua y por ello sólo recibes la mitad del dinero que deberías recibir.

El aguador sonrió mansamente y le dijo a la vasija agrietada:
-Cuando mañana vayamos una vez mas a la casa del patrón quiero que observes las flores es que crecen a lo largo del camino.

Así lo hizo y, en efecto, vio que las orillas del camino estaban adornadas de bellísimas flores. Aunque esta visión no le borró la congoja que le crecía en su alma de vasija por no poder realizar su misión a plenitud, al volver a la casa recibió esta respuesta del aguador:

- ¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen a un lado del camino? Siempre supe de tus grietas y quise aprovecharlas. Sembré flores por donde tú ibas a pasar y todos los días, sin tener que esforzarme para ello, tú las has ido regando. Durante estos dos años, he podido recoger esas flores para adornar la casa de mi patrón. Si tú no fueras como eres, él no habría podido disfrutar la belleza de esas flores.

EXITOS PARA TODOS

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sobre el “Matrimonio” Gay (1 parte)

¡Tema polémico! Sinceramente siento que en aras de proclamar el “derecho a la igualdad” los homosexuales creen que logrando la expedición de una ley pueden obligarnos a aceptar algo que no puede igualarse a la institución del matrimonio.

Quiero que esto no se interprete como un acto de intolerancia de mi parte sino que simplemente se vea que cada cosa tiene un nombre y cada palabra un significado preciso que de buenas a primeras no puede ser trucado por capricho de una tendencia.

Empecemos por conocer el significado de las siguientes palabras, según la RAE:

Intolerancia. 1. f. Falta de tolerancia, especialmente religiosa.

Tolerar. (Del lat. tolerāre). 1. tr. Sufrir, llevar con paciencia. 2. tr. Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente. 3. tr. Resistir, soportar, especialmente un alimento, o una medicina. 4. tr. Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

Matrimonio. (Del lat. matrimonĭum). 1. m. Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales.

Así las cosas, ya se ve el mal uso de la palabra intolerancia pues esto no significa obligar a aceptar sino RESPETAR ideas contrarias en medio de nuestras diferencias.

Desde hace tiempo, las parejas homosexuales, junto con el apoyo de diferentes medios de comunicación, han pretendido calificar de "matrimonio" su convivencia con otra persona y exigen a los legisladores y gobernantes la expedición de una normatividad que propenda por la protección de sus derechos igualándolos al de un matrimonio.

Esto no puede entenderse de ninguna manera que dicha norma obligue a una sociedad a aceptar algo que no quiere. Les recuerdo que el derecho al libre desarrollo de la personalidad de homosexuales no puede chocar con el derecho del libre desarrollo de la personalidad de los heterosexuales y es ahí cuando entra el juego la tan invocada tolerancia…

Lo que consagra una ley no quiere decir que tenga el poder de cambiar la manera de pensar de alguien, pues ella esta al servicio de la sociedad y no la sociedad al servicio de una norma. Les doy un ejemplo: el aborto; valores como la vida están por encima de una norma legal que consagra su destrucción, “no todo lo justo es legal, no todo lo legal es justo”. Para hallar esta diferencia es necesaria la formación de una persona en cuanto a su conciencia y valores se refiere, pues en tiempos tan cambiantes como el clima se requiere de un punto de apoyo o referencia para permanecer firmes.

En otras palabras, si una ley aprueba el aborto, no quiere decir que yo este obligada a aceptarlo y cambiar mi escala de valores a capricho de legisladores desorientados de la noche a la mañana.

Volviendo al tema, la palabra matrimonio viene del latín “matrimonium”, y este a su vez de “Mater” que significa “madre”, y comparte la misma raíz de la palabra “maternidad”, y “monium” que significa función o cargo. Es decir que el mismo origen de la palabra esta íntimamente ligado a la unión concertada y a la procreación que solo se da entre un hombre y una mujer para lograr una relación estable entre ellos.

Es tal la importancia de este compromiso, que tanto religiones como gobiernos se encargan de proteger y promover sus efectos legales y sociales en medio de la comunidad, pues de dicha unión tan particular se deriva la base de la sociedad, una familia estable. Ese es el ideal de una persona, de un conglomerado y finalmente de un gobierno. En conclusión, además de lo ya anotado, la palabra matrimonio tiene alcances que nos llevan más allá de lo que imaginamos.

Existen personas que no creen en esta institución pero desean vivir juntos, se les llama entonces unión marital de hecho o unión libre pero no toman para sí la palabra matrimonio.

Otro ejemplo, una sociedad anónima (S.A.) no es lo mismo que una limitada (LTDA.) o que una comandita por acciones (C.A.), etc. Todas son sociedades pero entre una y otra hay diferencias conforme a la manera en que se ha formado o adquirido ese compromiso, algo así ocurre con las diferentes uniones que pueden existir entre los seres humanos a nivel social.

Por lo anterior, a pesar de que existen herramientas legales en mi país para uniones entre personas del mismo sexo, me opongo rotundamente a que usen para sí la palabra matrimonio. Hay algo que no se puede negar, y es que muchos de ellos ya están viviendo conjuntamente, pero es necesario crear un nuevo término que designe sus aspiraciones.

Una cosa es un pero y otra un olmo, ambos son árboles de frutos muy distintos y por más que queramos no se les puede designar con una sola palabra. Cada quien con lo suyo.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

La Historia de Sandra Jiménez Loza

Tener una discapacidad es tener una condición distinta, es tener una forma de ser distinta, pero no significa tener una forma de vivir distinta”.

El corazón, por naturaleza, no puede quedarse pequeño, con el tiempo puede brillar a pesar de estar en un cuerpo que consideramos “incapacitado” o vivir en medio de circunstancias adversas. Entre más grande sea, más humano, más honesto y sabio.

Hoy les comparto la historia de Sandra Jiménez Loza. Nació el 6 de diciembre de 1986 en Ciudad de México cuando tan solo tenía 6 meses de gestación, sus pulmones no alcanzaron a madurar y presentó problemas en su correcta oxigenación lo que le causó parálisis cerebral que le afectó sus piernas y brazos.

A los 8 años entra a un taller infantil de periodismo, a pesar de que la edad requerida era de 10. Un año después de su ingreso UNICEF y el IFE (Instituto Nacional Federal) la selecciona para que participe en las primeras elecciones infantiles de su país… ellos no imaginaron las consecuencias de semejante decisión.

Empezaron las reuniones en la UNICEF para dar a conocer la convención de los Derechos de los Niños firmada por México en 1989, fue una de las voceras de elecciones ante los medios de comunicación de radio y prensa. Esta serie de actividades la obligó a investigar más profundamente sobre la situación de los niños, el maltrato y carencias que padecen. Desde el principio supo llamar la atención de los periodistas y consiente de la situación infantil a nivel mundial empezó a involucrarse con otras organizaciones que trabajan a favor de la infancia.

En el año de 1.999 UNICEF la invita a Ginebra con ocasión del 10º Aniversario de la Convención de los Derechos del Niño. Para ser alguien tan pequeña, su participación fue madura y llegó a los representantes de las naciones.

A los 16 años escribió un libro titulado “Si yo puedo, ¿tú por qué no?” en donde da a conocer sus experiencias como vocera de los Derechos de los Niños. A la fecha sigue siendo una activista a favor de la infancia en México.

En el 2001 recibió el premio SELIDER y en mayo de 2002 recibió el premio internacional “Fifth Concern of Human Life Award” en Taiwán.

Les dejo un vídeo de Sandra en el que podrán apreciar su madurez, su sabiduría de vida, su habilidad para transmitir ideas con claridad y convicción, en definitiva otro ejemplo para seguir.

“Mi lucha a favor de la infancia, de los derechos y la participación continúa. No podemos rendirnos mientras haya un niño o una niña, o una persona a la que no se le respeten sus derechos. Mientras haya alguien que me invite a participar yo voy a estar, porque ahí quiero estar.” Sandra Jiménez Loza

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Leyenda sobre la felicidad

Cuenta la leyenda que un hombre oyó decir que la felicidad era un tesoro. A partir de aquel instante comenzó a buscarla. Primero se aventuró por el placer y por todo lo sensual, luego por el poder y la riqueza, después por la fama y la gloria, y así fue recorriendo el mundo del orgullo, del saber, de los viajes, del trabajo, del ocio y de todo cuanto estaba al alcance de su mano.

En un recodo del camino vio un letrero que decía: “Le quedan dos meses de vida”. Aquel hombre, cansado y desgastado por los sinsabores de la vida dijo: “Estos dos meses los dedicaré a compartir todo lo que tengo de experiencia, de saber y de vida con las personas que me rodean”.

Y aquel buscador infatigable de la felicidad, sólo al final de sus días, encontró que en su interior, en lo que podría compartir, en el tiempo que les dedicaba a los demás, en la renuncia que hacía de sí mismo por servir, estaba el tesoro que tanto había deseado.

Comprendió que para ser feliz se necesita amar; aceptar la vida como viene;
Disfrutar de lo pequeño y de lo grande;
Conocerse a sí mismo y aceptarse así como se es;
Sentirse querido y valorado, pero también querer y valorar;
Tener razones para vivir y esperar y también razones para morir y descansar.

Entendió que la felicidad brota en el corazón con el rocío del cariño, la ternura y la comprensión.
Que son instantes y momento de plenitud y bienestar; que está unida y ligada a la forma de ver a la gente y de relacionarse con ella; que siempre está de salida y que para retenerla hay que gozar de paz interior.

Finalmente, descubrió que cada edad tiene su propia medida de felicidad y que sólo Dios es la fuente suprema de la alegría, por ser Él: amor, bondad, reconciliación, perdón y donación total.

Y en su mente recordó aquella sentencia que dice:
“Cuánto gozamos con lo poco que tenemos y cuanto sufrimos por lo mucho que anhelamos”. Se feliz antes de que se te haga demasiado tarde.

Monseñor José Roberto Ospina Leongómez