miércoles, 29 de septiembre de 2010

Hacer la diferencia

¿Será acaso la medida de nuestras metas el reflejo de nuestra grandeza?

La tendencia en el mundo de hoy nos muestra que alguien considerado exitoso es aquel que tiene grandes logros, de esos que son vistosos, que despiertan la envidia de los demás y si esto va acompañado de dinero ¡mucho mejor!.. pero esto no refleja a una persona íntegra, una que se ha cultivado por dentro.

Para ser grande hay que tener metas grandes, de lo contrario seremos mezquinos, pero ¿qué es una meta grande?

Considero que es aquella que nos abre horizontes, que nos enriquecen espiritualmente. Tal vez los resultados no serán numerosos u objeto para ostentar cada uno de ellos, pero si harán una diferencia. Quizás en apariencia sea pequeña o tachada de insignificante por la cantidad pero los frutos pueden ser impresionantes.

Hay metas que parecen pequeñas pero que solo un verdadero visionario puede distinguir y darle esa trascendencia que nadie más ha observado.

Muchas veces medimos nuestros resultados por la cantidad pero NO por la CALIDAD. Les dejo una pequeña historia para reflexionar:

“La estrella de mar”

Cierto día, caminando por la playa reparé en un hombre que se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo lanzaba al mar.

Al acercarme, me dí cuenta de que tomaba de la arena estrellas de mar y una a una las arrojaba de nuevo al océano.

Intrigado, lo interrogué sobre lo que estaba haciendo, a lo cual me respondió:

-Estoy lanzando estas estrellas marinas al océano. Como ves, la marea es baja y estas estrellas han quedado en la orilla si no las arrojo al mar morirán aquí en la arena.

- Entiendo, le dije, pero hay miles de estrellas de mar sobre la playa. No puedes lanzarlas a todas, ¡son demasiadas! Además esto sucede en cientos de playas, lo que usted hace no tiene sentido.

El hombre se inclinó y tomó una estrella marina y mientras la lanzaba de vuelta al mar me respondió:

- ¡Para ésta si lo tuvo!

EXITOS PARA TODOS

jueves, 23 de septiembre de 2010

La Máquina Perfecta

La especie humana tiene una naturaleza muy particular, por un lado se encuentra la parte espiritual y por otro la material representada en su cuerpo. Somos una muy especial combinación de ambos aspectos. Los filósofos ven al hombre como un “animal” (parte corporal) “racional” (parte espiritual), dejando en claro que o están las dos o no esta ninguna.

Lo que le da sentido a nuestro cuerpo, esa máquina impresionante que funciona a la perfección, es el alma humana. Ella anima y da poder a un montón de células y funciones; ya sabemos lo que pasa con el cuerpo cuando una persona muere, cuando el alma esta ausente, pierde su esencia.

Al tener vida somos sujetos de dignidad, somos alma, espíritu y cuerpo. Por todo esto, estamos llamados a tener un profundo respeto a la vida, al complejo ser que cada quien es. Nadie puede desconocer el valor inmenso de ella, su origen sagrado, y como consecuencia de ello, nadie puede ignorar el valor que cada uno de nosotros tiene por ser ser humano.

Los adelantos de la ciencia nos dejan perplejos porque nos enseñan que nuestros organismos son perfectos, que una parte por más pequeña que sea, tiene que ver con el resto para su normal funcionamiento. Podemos estudiar el cuerpo humano, como sanarlo, como funciona, pero nunca crear de la nada vida o un alma.

El afán por avanzar en lo que se llama tecnociencia, y cumplir con el “noble” objetivo de “curar”, ha provocado que patrocinadores y personal científico vean como talanquera a la moral.

Moral es el arte de vivir, de saber vivir bien. No se trata de actuar conforme a los caprichos, sino ver cuales deben ser nuestros comportamientos para vivir en paz y con coherencia, de manera que nos respetemos y reconozcamos como sujetos únicos que merecen recibir un trato digno de seres humanos. A medida que tenemos experiencia, vamos aprendiendo lo que debe ser y lo que no, en este caso la moral es lo que debe ser.

Así las cosas, la moral es una guía para saber ejercer bien nuestra libertad. Los adelantos científicos relacionados con el ser humano, adicionalmente, deben tener en cuenta cuatro principios bioéticos que les regulan:

Beneficencia: Que es buscar la mejor cura. Autonomía del paciente: Es el respeto a lo que decida el paciente sobre su cuerpo. Justicia: Igualdad para acceder a los medios que permitan conservar o mejorar la salud. No maleficencia: Trata de no proporcionar al paciente un daño severo en la búsqueda a la solución a su problema.

Los interesados en estas investigaciones presionan a los gobiernos para que “moldeen” las conciencias de sus pueblos por medio de leyes, y con un respaldo legal es más fácil cambiar la forma de pensar de una comunidad que se encuentra en plena crisis de valores.

Solo pretendo hacer un llamado para que demos y reconozcamos un trato digno a todo aquello que tenga que ver con los descubrimientos y tratamientos médicos que pretenden reproducir o atentar contra la vida humana. Pareciera que ya no somos vistos como personas sino como conejillos de indias, ya no somos queridos sino utilizados. El fin NO JUSTIFICA los medios.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Transplante de órganos

¿En algún momento de sus vidas no se han preguntado hasta donde son capaces de llegar por alguien desconocido?, ¿si podemos vencer el miedo de hacer algún tipo de sacrificio renunciando a algo que nos pertenece y que tal vez no habíamos valorado hasta ese momento?

Estamos viviendo tiempos es los que impera una forma de pensamiento egoísta, en la que hay que avanzar como sea y si es necesario pisoteando a los que se cruzan en el camino. Parece irónico, pero a medida que avanzamos tecnológicamente nos alegamos de nuestros semejantes, pareciera que los actos de generosidad y de defensa legítima y ética de la vida estuvieran llamados a la extinción.

Sin embargo, afortunadamente, hay algunos cuantos que se empeñan y siguen insistiendo en dar un buen uso al conocimiento que su profesión les aporta y lo ponen al conocimiento de lo que vale la pena defender, porque simplemente vale la pena y reconocen su valor.

En ocasión anterior me referí al transplante de órganos (Tú en mi, yo en ti), el cual sigo considerando un verdadero acto y testimonio de amor por el prójimo. Me permito traer a colación algunos apartes de la intervención del Papa Juan Pablo II a los participantes de un Congreso de transplante en 1991:

«Respecto a la medicina no sería justo rechazar un don de Dios [es decir, la ciencia médica] sólo por el mal uso que hacen de ella algunas personas (...); por el contrario, debemos arrojar luz sobre lo que han corrompido». (San Basilio el Grande).

Con la llegada de los trasplantes de órganos, que empezó con las transfusiones de sangre, el hombre ha encontrado un modo de donar algo de sí mismo, de su sangre y de su cuerpo, para que otros puedan seguir viviendo. Gracias a la ciencia, a la formación profesional y al empeño de los doctores y agentes sanitarios, cuya colaboración es menos evidente pero no menos indispensable para la realización de complicadas operaciones quirúrgicas, se presentan desafíos nuevos y maravillosos. Se nos desafía a amar a nuestro prójimo de un modo nuevo; en términos evangélicos, amar «hasta el extremo» (Jn 13, 1), aunque dentro de ciertos límites que no se pueden sobrepasar, límites fijados por la misma naturaleza humana.

Sobre todo, esta forma de tratamiento es inseparable del acto humano de donación. En efecto, el trasplante supone una decisión anterior, explícita, libre y consciente por parte del donante o de alguien que lo representa legítimamente, en general los parientes más cercanos. Es la decisión de ofrecer, sin ninguna recompensa, una parte del propio cuerpo para la salud y el bienestar de otra persona. En este sentido, el acto médico del trasplante hace posible el acto de entrega del donante, el don sincero de sí que manifiesta nuestra llamada constitutiva al amor y la comunión.

El cuerpo no puede ser tratado como una entidad meramente física o biológica; nunca se pueden usar sus órganos y tejidos como artículos de venta o de cambio. Una concepción tan reductiva y material acabaría en un uso meramente instrumental del cuerpo y, por consiguiente, de la persona. Desde este punto de vista, el trasplante de órganos y el injerto de tejidos ya no corresponderían a un acto de donación, sino que vendrían a ser el despojo o saqueo de un cuerpo.

Además, una persona sólo puede dar algo de lo que puede privarse sin serio peligro o daño para su propia vida o identidad personal, y por una razón justa y proporcionada. Resulta obvio que los órganos vitales solo pueden donarse después de la muerte. Pero ofrecer en vida una parte del propio cuerpo, ofrecimiento que será efectivo después de la muerte, es ya en muchos casos un acto de gran amor, amor que da vida a los demás. Así, el progreso de las ciencias biomédicas ha hecho posible que la gente proyecte más allá de la muerte su vocación al amor. De forma análoga al misterio pascual de Cristo, al morir se vence, de algún modo, a la muerte y se restituye la vida.

Tampoco los receptores de un órgano trasplantado deberían olvidar que están recibiendo un don único de otra persona: el don de sí mismo hecho por el donante, don que ciertamente se ha de considerar como una auténtica forma de solidaridad humana y cristiana. Ante el umbral del tercer milenio en un período de grandes promesas históricas, pero en el que las amenazas contra la vida están resultando cada vez más poderosas y mortales, como en el caso del aborto y la eutanasia, la sociedad necesita estos gestos concretos de solidaridad y amor generoso.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Las Células Madre

La ciencia es un medio o herramienta privilegiada que bien usada puede desplegar una serie innumerables beneficios a una gran cantidad de personas pero que en malas malos puede ser una que ayude a aniquilar, ofender, burlar o manipular a la humanidad.

En su momento el boom de las células madre se pudo percibir como algo traído de los cabellos, incluso parecía algo de ciencia ficción. Sin lugar a dudas, el caso de la oveja Dolly ha sido el más publicitado y el que dio inicio a una nueva era de experimentación y estudios de manera abierta.

Estoy segura que la mayoría solo recordamos la parte buena de la historia de la oveja clonada a partir de una célula mamaría adulta, pero lo que pocos saben al respecto es que fue necesario la fusión de 277 óvulos y que de ellos solo uno llegó a lograse.

¿Se dan cuenta de la gran cantidad de óvulos y procedimientos necesarios para solo llegar a una sola oveja? Eso quiere decir que tener un óvulo no es garantía de que el proceso sea exitoso.

Dolly era de raza Finn Dorset, que tiene un promedio de vida de 11 a 12 años, pero ella solo alcanzó los 6. Algunos aseguran que envejeció más rápido de lo normal por que su “madre” tenía la edad de 6 años cuando le extrajeron las células de tejido mamario con las cuales se hicieron los experimentos. En otras palabras Dolly nació con 6 años encima…

Ahora bien, las células madre tienen varias clasificaciones, pero hoy quiero referirme básicamente a las Embrionarias y las Adultas.

Las primeras significan el sacrificio de un embrión porque justamente esas son las que tienen un potencial inmenso para ser manipulas fácilmente con menor cantidad de procedimientos.

Las segundas son extraídas de un organismo ya formado, como el caso de la oveja Dolly que provino de una célula de la glándula mamaria.

Puede ser que el uso estas células madre embrionarias tenga una buena intención pero el debate se ha centrado en la disposición de un ser humano en formación y no de “una simple masa de células”.

Algunos científicos que están en contra de semejante manipulación fueron los que descubrieron que estas pueden provenir de otras fuentes como el líquido amniótico, de la sangre del cordón umbilical, de la raíz de una muela, de un tejido ya desarrollado, etc.

Básicamente lo que se busca con las células madre es sanar o reparar un órgano o tejido para que recobre su función, eso es loable, pero no puede ser a costa de la vida de quien sabe cuantas personas.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Diagnostico pre-implante (PGD)

Siempre se ha presentado la preocupación de los padres de que sus hijos puedan heredar las enfermedades que se predominan en algunas familias. Obviamente la genética juega un papel fuerte y se pretende cortarle el camino a condiciones o padecimientos que a nadie se le puede desear, mucho menos si se trata de una criatura.

Por ejemplo, la hemofilia se transmite por línea materna pero la padecen los hombres. Tal es el caso de la Reina Victoria que la transmitió a su hija Alejandra y ésta a su hijo Alexei Romanov, heredero de la corona rusa. Obviamente hay enfermedades más complejas y con una fuerte tendencia a ser heredadas, sobre todo cuando ambos padres la tienen en su código genético esa información.

En los años sesenta nacen las primeras técnicas de diagnóstico sobre el feto capaces de comprobar la existencia de patologías de toda clase. Los adelantos científicos que desde entonces se han presentado, como por ejemplo lo relacionado con el genoma humano, estructuras genéticas, etc., llevaron a la extracción y análisis de las denominadas técnicas de diagnostico prenatal.

El Diagnostico Pre- Implante o PGD en un procedimiento por medio del cual se busca un óvulo que ya ha sido fecundado pero que tenga unas condiciones especiales.

Voy a presentarles un caso de la vida real, se trata de los llamados “Bebes Medicamento”. Los esposos Soledad Puerta y Andrés Mariscal tuvieron un hijo, Andrés, que nació con una anemia congénita severa que acortaba su esperanza de vida a 25 años y lo obligaba a vivir pegado a un hospital, atado a continuas transfusiones.

Al no conseguir ningún donante de médula ósea compatible los padres procedieron a un diagnóstico pre- implante, es decir que buscarían tener un hijo que fuera la solución para su hermano mayor. La Sra. Soledad Puerta tomó medicación para asegurar la mayor cantidad de óvulos que una vez extraídos eran fertilizados In Vitro con el esperma de su esposo. Como pueden suponer, fueron varios los óvulos que lograron ser viables pero ahora era necesario verificar cual de todos ellos era compatible con Andrés.

Para esto, cuando el embrión se encuentra en la etapa de mórula, se le extrae una célula. Eso es suficiente para realizar los estudios del caso y determinar si aprueba el “casting”. De ser afirmativo, se implanta en la matriz y nacerá un bebe que solamente fue buscado por sus condiciones genéticas y nada más (como quien busca un repuesto).

¿Qué pasa con los demás óvulos fecundados? Son desechados, congelados o pasan a ser objeto de estudio o material de laboratorio a pesar de ser SERES HUMANOS... ¿no es increíble? Se trata de una práctica abortiva precoz que promueve abiertamente la discriminación.

La historia del matrimonio Mariscal Puerta terminó en el nacimiento del segundo hijo y del uso de las células madre de su cordón umbilical… al parecer este recién nacido ya cumplió su misión en la vida.

La concepción humana ha perdido su dignidad y lo peor de todo es que la existencia de cada quien estaría sujeta al capricho o a la necesidad de turno… Definitivamente hay decisiones que no podemos ni debemos tomar.

No se que pensarán ustedes, pero esos seres humanos que pasan a ser concebidos, desechados y/o congelados tiene derecho a vivir. Tal vez no seamos perfectos genéticamente hablando pero lo que nos hace ser lo que somos es lo que llevamos adentro y eso es lo que marca la diferencia.