miércoles, 24 de febrero de 2010

La Gran Carrera de la Vida

Para esta historia vamos a imaginar que el tamaño de un espermatozoide es el equivalente al de un ser humano adulto.

A diferencia de los millones de espermatozoides que produce el hombre, la mujer tan solo da un óvulo por mes. La batalla de los espermas por cumplir con su misión es colosal, tienen que cruzar por ambientes complejos y agresivos; literalmente libran una batalla por sobrevivir.

El esperma es expulsado a la fuerza por un conducto equivalente a una extensión de 24 kilómetro en tan solo 2 segundos. En el momento de la relación sexual entran al cuerpo de la mujer 250 millones de mensajeros genéticos y en minutos muchos de ellos ya estarán muertos.

De una sola eyaculación solo el 18% ó 20% de los espermatozoides tienen un buen tamaño y forma. El 80% restante no llegarán a ninguna parte pero al descomponerse liberarán sustancias que podrían afectar a los sanos.

Desde el punto de vista del espermatozoide, la vagina es un enorme cordón montañoso de 8 kilómetros de profundidad, 3 kilómetros de ancho y atravesada por muros de 1.5 kilómetros de altura.

Todo en la vagina esta en contra de los espermatozoides porque se trata de células extrañas en el cuerpo de la mujer. El sistema inmunológico hace que ésta se encuentre cubierta de un ácido mortal que ataca a cualquier invasor.

Después de 30 minutos, el 99% de los espermatozoides ya habrán muerto o estarán en agonía. Unos cuantos millones de sobrevivientes llegan a la entrada del cuello del útero pero se encuentran fuera de su alcance.

El cuerpo de la mujer sale al rescate, en la época de la ovulación el estrógeno se extiende suavizando la espesa mucosa que sella el cuello, la mucosa cervical caerá por la vagina ofreciendo a los mejores espermatozoides la posibilidad de continuar a la siguiente etapa de la carrera.

Para los espermatozoides humanos, esta ayuda se puede traducir como escaleras que bajan desde lo alto y tienen una altura de 1.5 kilómetros, pero no todas ellas conducen al camino correcto. Se desafía la fuerza de gravedad y solo unos cuantos, de los 60.000 que lograron llegar al cuello, podrán hacerlo. El cuello de útero es el infierno porque en sus paredes hay túneles que no llevan a ninguna parte y atrapan a los espermas que mueren lentamente en medio de laberintos.

Para estas alturas podemos afirmar que unos 3.000 espermas van por buen camino gracias a la ovulación y llegan finalmente al útero. Éste tiene un ambiente mucho mejor, sería como una gran planicie de 3 kilómetros de largo por 500 metros de ancho en la cual ellos tendrán que buscar una pequeña abertura que los conduzcan a las trompas de Falopio, y eso es como buscar una aguja en un pajar.

La ovulación ocurre en una trompa distinta cada mes, esto provoca pequeños movimientos que son detectados por los espermatozoides sobrevivientes quienes se dirigen a la indicada. El sistema de defensa de la mujer produce los leucocitos, que son más grandes y cazan en grupo, para atacar a los espermatozoides y al final de esta nueva travesía solo unas cuantas docenas llegarán a la entrada de las trompas de Falopio.

Por si fuera poco, no cualquiera puede entrar a la trompa, solo aquellos que tengan las moléculas y características correctas tendrán permiso para hacerlo. Las trompas representan el cielo porque allí el ambiente es más que óptimo, encuentran los nutrientes necesarios para reponer sus fuerzas y descansar.

Imaginemos una final olímpica de natación en donde el ganador alcanza la inmortalidad y el resto muere, los espermatozoides tienen la capacidad de “oler” al óvulo y al hacerlo entran en un estado de hiperactividad que les permitirá fertilizarlo. Ellos se liberan de sus capas de proteínas y se encuentran listos para su objetivo, una vez se hecho esto tienen sus horas de vida contadas.

El óvulo es liberado a 1.5 kilómetros de distancia pero tiene una limitante, su periodo de vida es de 24 horas, esto quiere decir que el tiempo esta en contra. ¿Qué pasa si el óvulo sale antes de tiempo? ¿Qué pasa si sale después?

Quedan dos espermatozoides que han llegado al lugar y en el momento indicado, el óvulo tiene un tamaño equivalente a un edificio de 10 pisos de altura. Al llegar a la capa exterior, los espermatozoides deben buscar la entrada al óvulo para poder hacer la entrega de su carga genética.

La cabeza del espermatozoide libera unas encimas que le ayudan a penetrar la pared y cumplir con su misión. En ese instante, se funden ambos ADN’s y el desarrollo de un nuevo y único ser ha comenzado.

Pensemos en las posibilidades que se dieron para que tú estés aquí. Hubo miles de millones de espermatozoides y solo uno fue el que te formó. Hubiera podido ser otro que asegurara descendencia más inteligente, más guapos, mejores en todo sentido. Sin embargo ellos no estuvieron en el lugar ni en el momento… ¡¡¡TU NO ERES UNA CASUALIDAD!!!

¡ABAJO EL ABORTO!

miércoles, 17 de febrero de 2010

Volver a Reír

Bien es cierto que constantemente caemos en errores, lastimamos sin querer y somos muy duros con nosotros mismos, hasta tal punto que no somos capaces de perdonarnos. Sin querer terminamos siendo nuestros más duros jueces y verdugos.

Necesitamos volver a empezar de ceros, perdonarnos, reconocernos honestamente tal y como somos para saber que cosas hay que corregir y cuales reforzar, pero ¿qué es el perdón?

Es simplemente un acto de amor que libera del rencor, del dolor, de la venganza y otro sinnúmero de sentimientos que nos carcomen; al mismo tiempo este acto puede mostrar la grandeza y nobleza del ser humano.

No perdonarnos es negarnos al amor, a rechazarlo y seguir serviles a los malos sentimientos. La culpa y todo lo que ella conlleva (preocupaciones intensas, juicio nublado, etc.) nos bloquean, no permiten que sigamos creciendo como personas y hasta puede afectar nuestra salud física y mental.

He visto, por ejemplo, como en familias se repiten ciertos comportamientos de odios sin sentido que se han heredado, generaciones que se han estancado por simples mezquindades. Sólo hasta que alguien rompa esa absurda cadena, las cosas cambirán no solo para la persona sino para los que están a su alrededor.

El perdón a si mismo es estar en contacto con la persona más importante de tu vida.

Perdonar es un cambio de pensamiento, es elegir abandonar el dolor y abrir el corazón a la alegría, a la esperanza y al final de cuentas al amor que todo lo hace nuevo.

Hace algunos días, una amiga expresó por medio de un escrito que el perdón es un regalo que el ofensor le hace al ofendido; yo agrego que aún cuando el ofensor no le importe que sea perdonado es importante hacerlo por ti mismo, por tu paz y salud.

Muchas veces damos regalos que no serán bien recibidos o apreciados en ese momento por quienes los reciben, pero entregar el obsequio nos hace felices también a nosotros. Algún día alguien lo apreciará y hasta entonces podrá entender la importancia y valor del regalo.

Volviendo al perdón a sí mismo, les digo que no hacerlo es prolongar en el tiempo de manera indefinida la ofensa, el abuso, el dolor y las demás heridas. Es estar enfermos y negarnos a recibir ayuda médica, literalmente es envenenarnos y morir poco a poco.

Les dejo una canción que conocí este fin de semana que acaba de pasar. Se llama “No Dudaría” y la interpreta Rosario Flores. Aquí la letra y el vídeo.

Si pudiera olvidar todo aquello que fui,
Si pudiera borrar todo lo que yo vi,
No dudaría, no dudaría en volver a reír.

Si pudiera explicar las vidas que quité,
Si pudiera quemar las armas que use,
No dudaría, no dudaría en volver a reír.

Prometo ver la alegría, y escarmentar de la experiencia
Pero nunca, nunca mas usar la violencia.

Si pudiera sembrar los campos que arrasé,
Si pudiera devolver la paz que quité,
No dudaría, no dudaría en volver a reír.

Si pudiera olvidar aquel llanto que oí,
Si pudiera lograr apartarlo de mí,
No dudaría, no dudaría en volver a reír.

Prometo ver la alegría y escarmentar de la experiencia
Pero nunca, nunca más usar la violencia.

miércoles, 10 de febrero de 2010

No Esperes


No esperes una sonrisa para ser gentil…

No esperes ser amado para amar…

No esperes estar solo para reconocer el inmenso valor de un amigo…

No esperes el luto del mañana para reconocer la importancia de quienes están hoy en tu vida...


No esperes tener el mejor de los empleos para ponerte a trabajar...

No esperes la nostalgia del otoño para recordar un consejo…

No esperes la enfermedad para reconocer que tan frágil es la vida…

No esperes a la persona perfecta para entonces enamorarte…


No esperes el dolor, para pedir perdón…

No esperes la separación para buscar la reconciliación…

No esperes elogios para creer en ti mismo...

No esperes que los demás tomen la iniciativa cuando sabes que tu mueres de ganas de un abrazo, una caricia, un beso…


No podemos esperar, el momento es hoy, y hoy significa ahora, este nuevo día que comienza…

No esperes el día de tu muerte si aún no has amado la vida….

No vivamos esperando de los demás, empecemos a ser protagonistas...

Es nuestra vida, es nuestro presente, aquí y ahora...


Debemos aprender a amar, a dar desinteresadamente, a sentir, a perdonar, a darle valor a nuestras pequeñas cosas, a nuestros amigos, a nuestro trabajo, a nuestra vida de todos los días ...

Si vivimos esperando, en esa espera…se nos va la vida...


No esperemos de los demás, nunca sabremos que nos darán o que recibiremos...

Muchas personas viven esperando y en esa espera se olvidan que aquellos que dan sin esperar son los que reciben a manos llenas...

Todo lo que damos es un Bumeran, regresa a nosotros...


Si queremos recibir, aprendamos primero a dar, tal vez nos quedemos con las manos vacías, pero nuestro corazón estará lleno de amor y quienes aman la vida tienen el sello de ese sentimiento en un lugar de su corazón...


Gracias a Gloria Herrera por enviarme esta reflexión a mi e mail.


Xibe, espero que estas palabras te ayuden a superar por lo que estas pasando...

miércoles, 3 de febrero de 2010

Empuja la Vaquita


A veces lo que vemos como una gran desgracia puede ser, a la hora de la verdad, un llamado necesario para hacer en cambio en nuestras vidas.

Nos ayuda a replantear las cosas, a ser recursivos para salir adelante y buscar nuevas oportinudades.

Un maestro samurái paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar.
Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de realizar visitas, conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes: una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado. Entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó:
"En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?"

El señor calmadamente respondió: "amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la Ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo."

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. En el medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó: "Busque la vaquita, llévela al precipicio de allí enfrente y empújela al barranco."

El joven espantado vió al maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Mas como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vió morir.

Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante algunos años. Un bello día el joven agobiado por la culpa resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con carro en el garaje de tremenda casa y algunos niños jugando en el jardín.

El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático. El joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años, el señor respondió que seguían viviendo allí. Espantado entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacía algunos años con el maestro.

Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaquita): "¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?" El señor entusiasmado le respondió:

"Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora.

La moraleja samurái nos dice: Todos nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra sobrevivencia, la cual convive con la rutina y nos hace dependientes de ella, y nuestro mundo se reduce a lo que la vaquita nos brinda. Descubre tus talentos y coloca los al servicio de Dios, de tu familia y del prójimo