miércoles, 15 de diciembre de 2010

La legalización de la droga

Las drogas son aquellas “sustancias denominadas psicotrópicas, o psicoactivas; sustancias naturales o sintéticas, que actúan en el sistema nervioso central, modificando la percepción y el comportamiento del sujeto que la ingiere. Específicamente son denominadas drogas las sustancias psicotrópicas que, por los efectos agradables que producen, también cuando es debido a que no se han probado antes, atraen al sujeto a asumirlas de forma repetitiva, primero, de modo libremente querido, después coaccionado en el sentido en que el sujeto no consigue dejarla, en el este sentido, depende de la sustancia en cuestión” (Lino Ciccone)

Ahora bien, cuando el cuerpo se acostumbra a esos efectos placenteros, la necesidad de requerir nuevamente esa sustancia es tan fuerte que doblega la razón y las persona terminan siendo esclavos de sus impulsos físicos que son capaces de lanzar por tierra aquello que nos hace ser quien somos, dignidad, amor propio, principios, etc.

Las consecuencias de este problema repercuten inmediatamente en la familia y por tanto en la sociedad. Poco a poco los usuarios de la droga se van degenerando y no faltan aquellos que quieren lucrarse de ese impulso irresistible, de esta enfermedad, o lo que es peor, de la podredumbre de un ser caído en desgracia que no es dueño de sí.

Los daños que traen el consumo de las drogas se pueden resumir en físicos, psíquicos, familiares y sociales. Les presento un pequeño recuento de las siguientes:

Morfina: es una depresora del sistema nervioso central, provoca fases de bienestar, optimismo y finalmente dependencia total.

Heroína: producida en laboratorio, extraída de la morfina. Es un sedante fuerte, hace desaparecer cualquier percepción de dolor.

Metadona: Producto sintético con efectos semejantes a la heroína.

Cocaína: estimula el sistema nervioso central provocando fases de bienestar, exaltación de funciones psíquicas, temblores y alteraciones psíquicas al final.

Crack: se usa con la cocaína y se aspira con una pipa de cristal calentada, sus efectos son rápidos, es absorbida por el cerebro.

Éxtasis: droga sintética, provoca aumento de actividad, quita la sensación de cansancio en actividades físicas, causa euforia, alucinaciones y despreocupación.

LSD: tiene un fuerte poder alucinógeno.

La cultura que se ha generado sobre la propagación y aceptación del uso de drogas ha tenido ya efectos psiquiátricos, el Dr. Giovanni Battista no pudo haberlo resumido de una mejor forma:

“Estamos registrando una baja progresiva y dramática de la edad media de los pacientes psiquiátricos. Hace algunos años teníamos las plantas llenas de ancianos. Hoy se multiplican los ingresados en la franja entre los 18 y los 35 años, con síntomas psicóticos graves. Fenómeno que se halla en el haber del abuso de sustancias estupefacientes difundido entre los chavales: éxtasis y marihuana”… “esta droga actúa sobre las estructuras del cerebro que son afectadas por la cocaína y la morfina, y constituye un paso, un escalón tanto para la asunción de drogas “duras” como activados de patologías psiquiátricas de tipo paranoico o crisis de personalización. En lo que se refiere a la utilización frecuente de estas drogas, el consumidor habitual puede caer en lo que los estudiosos americanos definen como “avolitional”, literalmente “sin voluntad”. Se trata de una situación en la que se encuentra gravemente comprometidas la voluntad y la afectividad, un aplanamiento absoluto de la persona”

Entre los efectos de la droga a nivel personal encontramos los siguientes:

- Distorsiona la percepción de la realidad externa y propia. Igual ocurre con los límites y capacidades.

- Las decisiones que se toman se desarrollarán en su mundo irreal pero se manifiestan 100% en el real.

- Se pierde el control de los propios impulsos.

- Suprime totalmente la escala de valores. Se deja en un tercer plano las exigencias de vida, afectos y compromisos a todo nivel.

Entre los factores que ayudan a la propagación de la droga se pueden encontrar las corrientes hedonista y consumista que se presenta en los países industrializados, con ellos se satisface la “necesidad” de un placer fácil y rápido. Es una manera de evadir o rechazar el dolor, el sufrimiento y la fatiga en medio de una sociedad que ya no le da importancia a la persona sino solamente a lo que ella le puede producir.

Contrario a lo que pueda parecer, lo que se promueve veladamente en nuestros días no es una cultura de “ser independiente” sino de absoluta dependencia. Los medio de comunicación ofrecen un mundo ideal en el que se consume cigarrillos, drogas, píldoras, tecnologías, etc., todo ello para lograr un bienestar barato, es decir, nos están amaestrando.

Como pueden ver, el problema de las drogas tiene unas dimensiones considerables, y si a eso le aumentamos la comercialización clandestina de estas substancias, el asunto adquiere más complejidad.

No veo admisible la legalización de la droga, sea natural o sintética, eso es como compararlo con un homicidio “pequeño” o “grande”. Legalizarla es una “solución” mediocre al fracaso o inoperancia de las herramientas y políticas de estado que se usan para detener el tráfico de estupefacientes.

Legalizarla es una puerta para el uso de otras drogas más fuertes; es dejar en la impunidad y desvalorar la vida de las víctimas y de quienes luchan contra este flagelo; legalizarla es aumentar su consumo indiscriminado porque simplemente hay gente de poco criterio que esta convencida que todo lo que consagra la ley es bueno, aun cuando eso este en contra de una buena formación de conciencia y de una sana y recta escala de valores (por ejemplo el aborto, es y siempre será un homicidio).

Les recuerdo que “no todo lo legal es justo y no todo lo justo es legal”

“Drogarse, equivale a un suicidio psíquico y obedece a una cultura de la muerte; en último análisis, drogarse es un acto contra la vida.”

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