miércoles, 3 de febrero de 2010

Empuja la Vaquita


A veces lo que vemos como una gran desgracia puede ser, a la hora de la verdad, un llamado necesario para hacer en cambio en nuestras vidas.

Nos ayuda a replantear las cosas, a ser recursivos para salir adelante y buscar nuevas oportinudades.

Un maestro samurái paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar.
Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de realizar visitas, conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes: una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado. Entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó:
"En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?"

El señor calmadamente respondió: "amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la Ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo."

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. En el medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó: "Busque la vaquita, llévela al precipicio de allí enfrente y empújela al barranco."

El joven espantado vió al maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Mas como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vió morir.

Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante algunos años. Un bello día el joven agobiado por la culpa resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con carro en el garaje de tremenda casa y algunos niños jugando en el jardín.

El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático. El joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años, el señor respondió que seguían viviendo allí. Espantado entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacía algunos años con el maestro.

Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaquita): "¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?" El señor entusiasmado le respondió:

"Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora.

La moraleja samurái nos dice: Todos nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra sobrevivencia, la cual convive con la rutina y nos hace dependientes de ella, y nuestro mundo se reduce a lo que la vaquita nos brinda. Descubre tus talentos y coloca los al servicio de Dios, de tu familia y del prójimo

6 comentarios:

  1. La vaquita del cuento es equivalente al conformismo que se apodera de muchas personas, pero por suerte existe mucha gente inquieta y ambiciosa, en el buen sentido de la palabra, que lucha por estar siempre mejor.
    De cada uno depende vivir siempre atado a la vaquita o volar con las alas de los sueños.

    Cariños!!

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  2. Me dió lástima la vaquita... en vez del "chivo expiatorio" se convirtió en "la vaca expiatoria"...
    La moraleja estaría linda y sería positiva, si no mataran a la vaquita.... ¡¡ sorry !!

    Un beso Vero

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  3. Luna: Tus palabras me recordaron las de una amiga que dice que las cosas suceden por algo y ¿sabes qué? he descubierto que eso es cierto.

    Metafóricamente te digo que todos tenemos una vaquita por empujar ... ¡hagamoslo!

    Gracias por lee mi blog. Un abrazo

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  4. Querida Mabel:
    Comparto tu preocupación por los animales y te aseguro que en la realización de esta historia no salió ninguno afectado.

    Perdón, pero creo que estoy un poco bromista :)


    Un abrazo

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  5. Tiene mucha razon, no conocemos de necesidad hasta que nos topamos con esa idea, el mundo seria otro si pensaramos mas alla de lo que tenemos, pensar en lo que podemos hacer. En la historia de la humanidad hemos demostrado siempre actuar frente a la necesidad, ahora que sea del buen manejo el buen porvenir.
    Gracias por esa bonita enseñanza.

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  6. Así es Juliana, en el fondo somos capaces de muchas cosas pero nos cuesta dar ese primer paso.
    Nos sentimos más seguros en nuestra cotidianidad y no arriesgamos por temor a salir de esa aparente seguridad.

    Es por eso que las necesidades pueden sacar lo mejor de cada uno de nosotros.

    Gracias por tu visita y muchos Éxitos.

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