sábado, 2 de enero de 2010

Un llamado a la perseverancia

Saber vivir bien es una lucha constante, que como todas, trae fatigas y desconciertos pero también satisfacciones y alegrías.

La vida esta llena de ciclos, etapas necesarias que muchas veces nos exigen hasta el cansancio la práctica de la perseverancia, ¿pero qué es eso? Empezaré por decirles lo que no es:
Perseverar no es terquedad, no es seguir adelante a pesar de habernos dado cuenta de que no vamos por el camino correcto. No es obrar en contra de la prudencia. Perseverar no es rutina.

Perseverar es “Luchar a lo largo del tiempo por alcanzar las metas propuestas, aunque surjan dificultades internas o externas”. En otras palabras, no debemos contentarnos con poner la primera piedra (eso lo hace cualquiera en un momento de emotividad) sino esforzarnos en la más importante, en la última. Ella nos indica que ya hemos terminado o alcanzado lo que queríamos. Llegaremos a ese punto cuando hagamos de perseverancia un hábito en nuestras vidas.

Para esta “lucha” que llamamos perseverancia, necesitamos una armadura que nos ayude a cumplir con la meta propuesta. Esta se compone de voluntad, paciencia, fortaleza, tenacidad, templanza y esperanza.

La voluntad actuará en nosotros así no tengamos el ánimo del comienzo, estemos enfermos o pasemos por un mal momento.
La paciencia nos ayudará a soportar cualquier tipo de contrariedad y a saber esperar el momento indicado para que las cosas se puedan dar conforme a nuestros planes iniciales.
La fortaleza es la virtud de los convencidos que nos permite resistir lo nocivo y soportar las molestias, nos conduce poco a poco al dominio de sí mismos.
La tenacidad nos dará la firmeza para permanecer insistentemente prendidos a nuestros fines y hacer resistencia ante los hechos que no nos quieran permitir alcanzarlos.
La templanza nos dará la moderación que necesitamos para no incurrir en los excesos que seguramente nos separarán del camino que nos hemos fijado.
La esperanza nos presenta como posible lo que deseamos, es esa ancla que nos permite tener los pies en tierra firme y evita que nos dejemos llevar por los sueños efímeros y sin sentido.

Se le atribuye a Napoleón Bonaparte haber dicho que “las guerras se ganan con los soldados cansados” y es ahí cuando vamos a necesitar la armadura de la perseverancia para poder alcanzar la victoria después de haber soportado los golpes, desgastes y dificultades.. ¡Después de haberlo entregado todo!

De nada sirve una buena armadura si quien la tiene no se hace digno de ella, si no ha trabajado por conseguirla. Las armaduras protegen algo muy valioso, al luchador, al guerrero, al noble, al que es capaz de reconocer la dignidad propia y la de los demás. Al final de cuentas al que tenga un corazón más fuerte y brillante que ella.

3 comentarios:

  1. He logrado muchas cosas gracias a la perseverancia, y me siento derrotada cuando a veces me pasa que por uno u otro motivo dejo de perseverar. Ser perseverante es una gran virtud que nos enorgullece con el logro de cada meta.
    Gracias por tu lección.
    ¡Feliz Año Nuevo!

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  2. Querida Vero, el ejemplo del video, aparte de tus palabras, es fabuloso, ya que el kiwi es un ave no voladora, originaria de New Zealand... y éste chiquitín, fue tan perseverante que voló (aún en caída libre) ... Hermoso ! realmente HERMOSO !!!
    Gracias amiga por tan positiva enseñanza de vida !
    Un beso.

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  3. Luna: Tienes toda la razón, de ahí que necesitamos de otros valores y convertirlos en hábito en nuestras vidas. Feliz año 2010 para ti también.

    Mabel: tu aporte es muy enriquecedor, la verdad no tenía ni idea de lo que nos cuentas del Kiwi. Ahora ese video tiene un significado más grande para mi. Gracias y te mando un abrazo colega :)

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